Escuela de Arquitectura
Universidad Politécnica de Puerto Rico
ARQPOLI
Luis León Escoda
Prof. Omayra Rivera Crespo
ARCH 5010 / CAPSTONE DESIGN 1
FA – 17
Ecotonos Urbanos: De la intermitencia a la ciudad sinérgica
El automóvil junto a la revolución industrial y el movimiento moderno inspiraron un desarrollo urbano que trajo consigo implicaciones negativas de índole social, urbana y ambiental. En el 1956, se firmó el proyecto de Ley de Autopistas de Ayuda Federal[1], implementándose el modelo estadounidense en la topografía diversa de Puerto Rico. Las grandes autopistas fragmentaron la ciudad asegurando un recorrido vehicular, pero excluyendo la escala humana. Sin embargo y paradójicamente, estas infraestructuras hechas para conectar, se han convertido en un elemento de segregación social.
San Juan carece de espacios y conexiones urbanas a escala humana más inclusivas y sostenibles. Los espacios públicos, los sistemas de transporte, la movilidad urbana de la ciudad – ¿cómo llego de punto A al punto B? – son intermitentes. En esta discontinuidad reside la obligación de muchas veces no tomar en cuenta las vías peatonales o depender del automóvil para moverse. Los espacios públicos, no obstante, también deben fomentar el permanecer en ellos, no sólo atravesarlos. Deben ser un espacio polivalente y de representación ciudadana. También deben ser la infraestructura urbana de integración y redistribución social. Incluso, prevalecen como la plataforma ciudadana principal para los accesos y encuentros, interacciones y relaciones sociales dentro de un entorno tangible, compitiendo con las nuevas tecnologías de información y comunicación. Por ende, la fragmentación urbana refleja la falta de sinergia entre: personas y comunidades, consciencia y naturaleza, y entornos y sistemas naturales y construidos.

Este estudio se delimitará a una zona adolecida por una conectividad excluyente, con la intención de que sirva de ejemplo a proliferarse en otros lugares, teniendo presente la particularidad del sitio. ¿Cómo interconectar y optimizar las redes infraestructurales? Teniendo en mente la falta de sinergia entre los sistemas naturales y construidos, ¿Cómo convertir sistemas lineales a circulares? Y ¿Cuál podría ser el potencial de estas conexiones?

Reconectar o crear nuevas conexiones físicas repensadas y basadas en la forma que los organismos y ecosistemas son, funcionan y prosperan aseguraría un cambio de paradigma mental y creativo en el ser humano. Como parte de nuestras naturalezas, nuestras creaciones y entornos construidos han sido descarrilados del hilo conductor del mundo natural, el cual crea condiciones que conduce a más vida. La planificación y el diseño de la mayoría de las ciudades, reflejan unas condiciones que culminaron anteponiéndose en contra de nuestro favor: nuestras naturalezas contemporáneas y de los principios de la Vida. Por esta razón, se debería fomentar la sinergia entre los entornos construidos y naturales, y nuestra relación entre ambos y nosotros mismos. Podría ser posible crear consciencia de cómo funciona la naturaleza y reconocer sus beneficios físicos, mentales, emocionales, espirituales, estético, funcionales e incluso “tecnológicos” para la toma de decisiones de cualquier tipo de diseño. Utilizando los procesos y sistemas de la naturaleza como guía y fuente de inspiración, las entradas y salidas de los distintos sistemas podrán ser reunidas mediante interconexiones físicas que incorporen la retroalimentación, tal como en los ecosistemas.
Los conectores urbanos, podrían implementar una sinergia biológica y tecnológica. Aparte de complementar a sus anexos y distintos aspectos sociales, el conector también podría concebirse como un elemento integrador y optimizador de sistemas actuales, “consciente” de la superposición de los flujos visibles e invisibles de la ciudad. Podría servir como instrumento y fuente generadora de energía a través de distintos recursos naturales. Entre ellos, mediante su uso, se podría transformar a energía eléctrica todo cuerpo en movimiento – energía cinética – con la posibilidad de aportar a las subestaciones eléctricas, o independizarse del sistema actual para demostrar otro modelo que esté en sintonía con la naturaleza a través de unas micro redes que con recursos renovables distribuya electricidad para las comunidades. De esta manera aportaría a la sociedad, al entorno construido, el ambiente y los organismos naturales, demostrando ser soporte para la vida humana moderna[2], al igual que los ecosistemas mayores, a los cuales pertenecemos, pero nos hemos desconectado.
Los temas a investigarse para ser implementados en el diseño de estas conexiones urbanas son: los procesos y sistemas ecológicos como redes interconectadas; la sinergia como método de colaboración entre los subsistemas de la ciudad (movilidad, energía, social y natural); las nuevas tendencias de identidades socio-espaciales como incubadoras de espacios públicos. Algunas referencias básicas son: la biofília y el diseño biofílico como los agentes de (re)conexión y renfoque mental de que también somos naturaleza, más su inteligencia y tecnología inherente que puede nutrir múltiples aspectos de todas las formas de vidas, propuesto por E.O. Wilson y Stephen Kellert; la biomímesis como fuente de inspiración, siendo la síntesis de estas inteligencias y tecnologías naturales, en conjunto con la creatividad e imaginación humana, fundado por Janine Benyus y Dayna Baumeister; el renfoque de las nuevas tecnologías y las digitalizaciones como instrumentos de apoyo para el favorecimiento de nuestras vidas modernas; las redes urbanas expuestas en el libro Urbanismo Integral por Nan Ellin; y el efecto de borde que expone Jan Gehl.
La ciudad podría ser definida como una compleja superposición de redes infraestructurales que están compuestas por sistemas jerárquicos intercambiadores de información y materia. Para lograr una ciudad completamente integrada, la solución es reconectar físicamente cada fragmento de ella en todas las escalas. Jerárquicamente, desde la escala más micro, notamos cómo la intrínseca desconexión de los subsistemas que componen la ciudad tiene repercusiones en sistemas aún mayores, innegablemente alcanzando la escala global. El enfoque ha sido en cómo la tecnología impacta y podría seguir impactando a la ciudad. Pero si miramos con un lente ecológico, nos podemos preguntar, ¿cómo la ciudad y las tecnologías impactan y seguirán alterando a la biósfera[3]?


En la naturaleza todos los sistemas y organismos nutren a otros a través de redes poli-céntricas, modulares y anidadas.[4] Todo está interconectado sinérgicamente, optimizando al ecosistema mayor en su totalidad. El único organismo de la naturaleza que genera desperdicio es el ser humano. No obstante, ha habido iniciativas para convertir el proceso lineal – producción de materiales que culminan en desechos – en uno circular, emulando procesos y sistemas cíclicos naturales. En la naturaleza no existen “desperdicios”, los sistemas y organismos ecológicos convierten éstos en nutrientes para otros sistemas u organismos, y nada se subutiliza, todo se aprovecha mediante una retroalimentación y colaboración interdependiente.
El ser humano, siendo un ser social, tiene una tendencia innata de querer conectar con otras personas. De igual manera, inconscientemente tiene una tendencia de querer conectar con la naturaleza, esto es lo que denominan como la biofília.[5] En contraste con la fobia, que es un miedo irracional hacia algo, la -filia se trata de una afición, simpatía o tendencia hacia algo. En cuanto al diseño biofílico[6], el mismo se basa en cómo integrar más diversidades de sistemas ecológicos con nosotros y nuestros entornos construidos, puesto a que aportan benéficamente a la salud física, mental y emocional. Stephen Kellert, uno de los arquitectos pioneros de esta disciplina, explica cómo el cuerpo humano, la mente y los sentidos evolucionaron en un mundo bio-céntrico no humano, diseñado o inventado. Además, esclarece cómo esta inclinación inherente de nuestra especie responde a las fuerzas y estímulos naturales, demostrándolo en un estudio realizado por un psicólogo sueco Arne Öhman (1986):
“[…] Los sujetos fueron expuestos subliminalmente a imágenes de serpientes, arañas, cables eléctricos desgastados y pistolas. Casi todos los participantes del estudio respondieron de manera aversiva a las imágenes subconscientemente reveladas de serpientes y arañas, pero permanecieron en gran medida indiferentes a las pistolas y cables eléctricos expuestos. Los resultados de esta investigación ilustran y sugieren precaución con respecto a la importancia de nuestras inclinaciones inherentes para responder a la naturaleza en el mundo moderno. Los hallazgos revelan la influencia continua de nuestras respuestas evolucionadas a la naturaleza, pero también indican que algunas de estas reacciones pueden haberse vuelto “vestigiales”, alguna vez adaptativas en el pasado humano distante, pero en gran medida irrelevantes en el mundo construido y cada vez más urbano de la actualidad, y susceptibles de atrofia a lo largo del tiempo.”[7]
No hay duda de la necesidad e importancia que reside en tener espacios naturales biodiversos dentro de la ciudad que estimulen esta reconexión con la naturaleza. Las personas pueden tener una inclinación inherente a afiliarse con ella, pero como gran parte de lo que nos hace humanos, esta tendencia biológica necesita nutrirse y desarrollarse para volverse funcional.[8] De otro modo, esta capacidad de aprender y elegir un curso de acción particular puede ser una espada de doble filo. En décadas anteriores se ha optado por una relación ambigua entre nosotros y el mundo natural, a veces se ha definido como un mero recurso para ser explotado o un atractivo recreativo agradable pero no tan necesario. Otras veces, se ha considerado como un obstáculo a superar o algo trivial o irrelevante.
Esta creciente separación de la naturaleza se refleja en la agricultura moderna, la manufactura, la educación, la salud, el desarrollo urbano y la arquitectura.[9] No obstante, se pueden reconocer algunos esfuerzos que han surgido para restablecer esta conexión. Además, se podría profundizar la relación existente que tenemos con ella, y crear un vínculo representativo que denote que también somos naturaleza, y que nuestras creaciones y entornos construidos, siendo extensiones de nuestra naturaleza, deberían confluir con las leyes y éticas del mundo natural. Incluso, deberíamos reconocer que de igual forma que comunicamos ideas, enseñamos y aprendemos de nosotros mismos, la naturaleza, sus organismos, sistemas, y toda su compleja y diversa composición nos puede inspirar. Sólo falta observar, reconocer y utilizar nuestra capacidad de analizar para lograr reconectar en todas las formas posibles para confluir con su sintonía. Gracias a nuestra propia naturaleza, es posible reconocer la magnífica mentora de quien formamos parte, y que de igual forma nos nutre y nos da de respirar.
Se podría argumentar que la biomímesis es la conclusión lógica de un cambio en el pensamiento humano, que ha pasado de intentar conquistar la naturaleza, luego tratar de preservarla y ahora luchar por la reconciliación con la naturaleza. Con los conocimientos científicos sin precedentes, podemos utilizar las lecciones de la biología, aumentada por la creatividad humana.[10] Gracias a los nuevos avances tecnológicos (existentes y futuros), tenemos cada vez más acceso a más información. Sin embargo, es necesario cuestionarse cuáles son los enfoques e intenciones de estos avances y cómo los dirigimos a procesos y sistemas vivos que hacen referencia a billones de años de evolución y resiliencia. También comprender, qué aprendemos, cómo manejamos estos nuevos hallazgos y cómo los utilizamos a nuestro favor, es decir, al de todas las formas de vida. Esto posiblemente implica reconectarnos al sistema ecológico mayor: la biosfera. Como bien resume la bióloga Janine Benyus, co-fundadora de biomímesis: “La vida crea condiciones que conducen a la vida.”[11] Sin tener que profundizar, todas las formas de vidas aseguran el desarrollo futuro y triunfo de otras vidas. En el caso de nosotros los seres humanos, no siempre ha sido completamente el caso. Según la teórica en arquitectura y urbanismo, Nan Ellin: “Si el éxito ecológico se mide a base de la capacidad que tiene nuestro planeta para sustentar todas las formas de vidas, el éxito del diseño urbano también debe medirse por su capacidad para poder sustentar la vida humana.”[12]
Como parte de esta propuesta, se propone crear nuevas reconexiones urbanas que integren los flujos y reflujos de manera óptima dentro de la red de espacios públicos de la ciudad, junto a sus implicaciones sociales, biofílicas, económicas y funcionales, que fueron segregadas por una urbe diseñada para el automóvil. Sin duda alguna, primero, se debe atender una reconexión física y de mentalidad, debido a las intervenciones urbanas excluyentes basadas en épocas pasadas. Esto se suma a que actualmente, en muchas ciudades, se está incluyendo a la dimensión pública los espacios que inicialmente eran sólo para el auto, generando nuevas formas y experiencias urbanas.[13]
Es posible catalizar relaciones mutualistas entre los sistemas una vez se conecte funcional y geométricamente la ciudad a través de un diseño arquitectónico/urbano integrado que denote direcciones de crecimiento y canalice/condense los distintos sistemas de flujos, áreas a ser extendidas o complementadas al pasar del tiempo. Es decir, se trata de sentar las bases para un proceso, en vez de un producto final, como un espiral. La ciudad, estando en una constante evolución, puede ser más que eficaz. Implementando las nuevas tecnologías, además de las conexiones físicas de espacios públicos, del acomodamiento de funciones, implicaciones sociales y la reconfiguración periódica de las terceras naturalezas[14], la ciudad y toda su composición puede emular procesos y sistemas naturales que conduzcan al desarrollo de todas las formas de vidas futuras.

Inicialmente, en un contexto bastante desarrollado en cuanto a lo construido y en específico lo infraestructural, podría lograrse bastante con simplemente conectar entradas y salidas compatibles a los sistemas existentes.[15] Los subsistemas podrían reconectarse y nutrirse mutuamente con el propósito de optimizar el sistema mayor mediante una retroalimentación. Se trata de una acupuntura que genere un efecto dominó, una intervención puntual que catalice futuras intervenciones de reconexiones urbanas. Con una visión holística, se implementaría una sinergia entre las personas y comunidades, consciencia y naturaleza, y los procesos y sistemas de nuestros entornos construidos en confluencia con los del entorno mayor ecológico. Asegurando así, el proceso de un diseño arquitectónico, urbano e infraestructural que no sólo funcione eficazmente o lo sustente, sino que también refleje condiciones que conduzcan y enriquezca la calidad de todas las formas de vidas.
Dentro de los distintos sistemas que componen la ciudad, la propuesta se enfocaría – pero no se debe limitar – en las siguientes redes urbanas: los espacios públicos, naturales, de movilidad, y energía. Pero, ¿cómo el desarrollo urbano puede emular procesos y sistemas ecológicos? Y considerando la ciudad como un ecosistema urbano, ¿cómo se puede implementar una sinergia entre las redes que la componen y crear ciclos sinérgicos?
Antes de continuar, se profundizará un poco sobre los ecosistemas para un mejor entendimiento y poder asociar las posibles maneras que la naturaleza puede ser emulada. Están los ecosistemas terrestres: un bosque, una selva, un desierto, etc.; o los acuáticos: el océano, el mar, los lagos, etc. Éstos se caracterizan por la presencia de componentes vivos o bióticos: plantas, animales, bacterias, algas y hongos; y de componentes no vivos o abióticos: luz, sombra, temperatura, agua, humedad, aire, suelo, presión, viento y pH. También, se caracterizan por las interacciones, relaciones e intercambios constante de materia y energía que traspasan de un ser viviente y no viviente a otro, a través de cadenas alimenticias o los ciclos naturales.
Al morir uno de los organismos, entran los descomponedores (bacterias, hongos) y transforman esta materia en nutrientes para el suelo, los cuales serán alimentos para las plantas, iniciando así un ciclo nuevo. Incluso, también está el caso de las redes de micelio[16] que, aunque invisible a nuestra vista, interconecta a todos los árboles de un bosque por debajo del suelo. Mientras los árboles compiten entre ellos para lograr exponerse más a los rayos solares, las redes de hongos “infraestructurales” reciben y se alimentan de los nutrientes adquiridos por el árbol, ya que la luz solar no penetra por el follaje. De manera recíproca, las redes de hongos interconectan a los arboles mediante sus raíces para que se comuniquen y adquieran más refuerzos para posibles fuerzas laterales u otras amenazas. En caso de sequía, la red de micelio recopila agua del suelo y la distribuye hacia arriba para servir de alimento para los árboles.[17]
Según el biólogo marino Bill Graham, en la naturaleza, todo está interconectado, nada existe por sí mismo. Y son muchas las relaciones y sistemas dentro de sistemas que se deben considerar:
“Cuando te paras en la orilla de un océano o un lago, las cosas son mucho más complejas que un simple límite entre el agua y la tierra. No existe una línea divisoria. En cambio, hay otro sistema que se interpone entre el agua y la tierra: una coyuntura de conectividad entre los ecosistemas adyacentes. Y ese sistema “intermedio” funciona porque trata con el medioambiente, tanto del agua como de la tierra. Los ecologistas llaman a este sistema intermedio un “ecotono” o un “borde”: un límite difuso y dinámico entre dos hábitats.”[18]
Los ecotonos son los espacios o zonas de transición entre dos ecosistemas. Éstos son el resultado de un solape en los cuales se genera un efecto de borde, donde se intensifican las densidades y complejidades de los factores abióticos (no vivos) y bióticos (vivos). Incluso, en él se encuentran nuevos organismos y atributos que no se hallan en ambos por separados. En el umbral ecológico donde dos ecosistemas se encuentran, hay competencia y conflicto junto con sinergia y armonía. Hay miedo junto con la aventura y la emoción. No se trata de bueno o malo, seguridad o peligro, placer o dolor, ganadores o perdedores. Todos estos ocurren en el umbral si está prosperando.[19] Estos se conectan a través de flujos de energía, materiales y organismos que lo cruzan. Análogo a la ciudad, Jan Gehl explica el efecto de borde y los efectos secundarios prácticos, psicológicos y sociológicos que éstos fomentan en los ciudadanos. De igual forma, compara los bordes activos de una ciudad con los bordes de un ecosistema:
“Las zonas populares para alojarse se encuentran a lo largo de las fachadas, en un espacio o zona de transición entre un espacio y el siguiente, donde es posible ver ambos espacios al mismo tiempo. En un estudio de áreas preferidas para estadías en áreas recreativas holandesas, el sociólogo Derk de Jonge menciona un efecto de borde característico [25]. Los bordes del bosque, playas, grupos de árboles o llanos eran las zonas preferidas para quedarse, mientras que las llanuras o playas abiertas no se usaban hasta que las zonas de bordes estuvieran completamente ocupadas. Se pueden hacer observaciones comparables en los espacios de la ciudad donde las zonas de permanencia preferidas también se encuentran a lo largo de los bordes de los espacios o en los bordes de los espacios dentro del espacio.”[20]
Sin perder de perspectiva la biofilia, el arquitecto Stephen Kellert, también aporta sobre la importancia de los espacios de transición y la definición espacial (bordes) entre ellos:
“Navegar con éxito en un entorno a menudo depende de conexiones claramente entendidas entre espacios facilitados por transiciones claras y discernibles. Los espacios de transición prominentes incluyen pasillos, umbrales, portales, entradas y áreas que unen el interior y el exterior, especialmente pórticos, patios, patios internos, columnatas y más. La comodidad y el bienestar de las personas a menudo dependen de moverse libremente entre espacios diversos y a menudo complicados. Los caminos claramente entendidos y los puntos de entrada y salida son especialmente críticos para fomentar la movilidad y la sensación de seguridad, mientras que la ausencia de estas características a menudo genera confusión y ansiedad.”[21]
Kellert también explica cómo tres tipos de experiencias representan unas categorías básicas sobre su marco de aplicación en este tipo de diseño. Estas incluyen la experiencia directa de la naturaleza, la experiencia indirecta de la naturaleza y la experiencia del espacio y el lugar. Un espacio con una buena conexión con los sistemas naturales evoca una relación con un todo mayor, haciéndolo consciente de la estacionalidad y los ciclos de la vida. La experiencia es a menudo relajante, nostálgica, profunda o esclarecedora, y frecuentemente anticipada.[22]
En cuanto a nuestros entornos construidos, esto se podría traducir en la sinergia entre arquitectura e infraestructura, emulando procesos y sistemas ecológicos. Básicamente, una sinergia entre las tecnologías humanas y la emulación de los ecosistemas implementados en las redes de infraestructuras y arquitectura que componen la ciudad. No obstante, primero, es imprescindible que se atienden las desconexiones físicas, pues provee los espacios de flujos y la plataforma que sustenta todo. En estas nuevas conexiones se integrarían las tecnologías humanas que emularán los sistemas que se quieren optimizar. Por ejemplo, “Pavegen se asoció con Google para hacer que el Festival de las Luces 2017 de Berlín, fundado en 2004, fuera interactivo. La instalación incorpora el galardonado sistema de pavimentos V3 de Pavegen, que convierte la energía cinética de los pasos en energía y datos sin conexión a una red (“off-grid”).”[23] De este modo, se puede tener una idea de cómo una red/sistema/infraestructura puede emular ciclos sinérgicos que abundan en la naturaleza. La red de movilidad peatonal, incluso, la vehicular y de transporte público podrían tener implementados este tipo de tecnología – que apenas está en sus primeras fases, pero crece exponencialmente – para crear energía limpia eléctrica. En este caso, la misma podría nutrir la red eléctrica existente u otro sistema que conforme el propio complejo. Básicamente se estaría conectando la salida de la red de movilidad – que actualmente, está siendo desaprovechada – con la entrada de la red eléctrica (ambas son compatibles), cerrando así, dos sistemas lineales y convirtiéndolos en bucles de retroalimentación.
Para continuar optimizando las redes de la ciudad, crear una continuidad urbana, implementar unas conexiones a escala humana, hilvanar los accesos y encuentros sociales y entre comunidades, probablemente se tenga que hacer unos ajustes en los reglamentos de zonificación. Hay múltiples leyes, códigos, etc. que no permiten que se realicen muchos proyectos pertinentes. Este sería un ejemplo de una planificación regida por perspectivas con ojos de águila, similar a las intervenciones de las grandes autopistas. Incluso, se va en contra de la corriente, no fluye, restringiendo planes y procesos más naturales y emergentes de la ciudad. Por tal razón, se debe enfatizar en la importancia de los procesos de diseños que aboguen por la escala humana. En estos procesos se deben incluir las redes de espacios públicos, las conexiones peatonales pertinentes a reintegrar y los ciclos sinérgicos entre comunidades y redes urbanas.
Por otro lado, está la inversa de la conexión vehicular en la que, espacialmente, por su accesibilidad e infraestructura, domina en nuestros entornos construidos. Esto debería incluir la conversión de los entornos y sistemas construidos/lineales a los entornos y sistemas naturales/cíclicos. Por consiguiente, se trata de las múltiples redes infraestructurales. Para profundizar en el tema de las infraestructuras, Rem Koolhaas respalda un urbanismo que “[…] ya no estará obsesionado con la ciudad, sino con la manipulación de la infraestructura para infinitas intensificaciones y diversificaciones, accesos directos y redistribuciones.”[24] Según el arquitecto Stan Allen, “la infraestructura no funciona tanto para proponer edificios específicos en sitios determinados, sino para construir el sitio en sí. La infraestructura prepara el terreno para la construcción futura y crea las condiciones para los eventos futuros.”[25] Allen afirma:
“El trabajo de infraestructura reconoce la naturaleza colectiva de la ciudad y permite la participación de múltiples autores. Las Infraestructuras dan dirección a la labor futura en la ciudad, no mediante el establecimiento de reglas o códigos (de arriba hacia abajo), pero mediante la fijación de puntos de servicio, el acceso y la estructura (de abajo arriba). La infraestructura crea un campo direccional, donde diferentes arquitectos y diseñadores pueden contribuir, pero establece límites técnicos e instrumentales para su trabajo. La infraestructura misma funciona estratégicamente, pero fomenta la improvisación táctica … Las infraestructuras son flexibles y anticipatorias. Trabajan con el tiempo y están dispuestos a cambiar … No progresan hacia un estado predeterminado (como con las estrategias de planificación maestra), sino que siempre evolucionan dentro de un límite de restricciones.”[26]
De forma similar, la infraestructura flexible y anticipatoria crea un campo direccional que siempre evoluciona dentro de unos límites técnicos e instrumentales de restricciones. Se podría establecer que estos límites técnicos de restricciones podrían atender, por lo menos, un desarrollo urbano futuro que fomente la consciencia colectiva que debería existir con nuestros entornos naturales, y cómo la mínima acción puede repercutir a escalas mayores. Se basaría en restringir las extensiones si las propuestas no van en sintonía con la naturaleza.
En el caso de Puerto Rico, el planificador, Gabriel A. Rodríguez Fernández, indica, entre otras cosas, que el problema no es de falta de planificación, sino de falta de implementación. En otras palabras, es un problema político.
“En una ciudad habitable el sistema vial se considera y se planifica no sólo como infraestructura para el transporte motorizado, sino como un elemento de la infraestructura peatonal y como parte de la red de espacios públicos en donde interactúan los ciudadanos. De forma similar, el transporte colectivo en esa ciudad se provee, no sólo como un servicio público más, sino como un medio para que las personas puedan conservar su peatonalidad en una escala geográfica mayor.”[27]
La mayoría de los casos, uno renuncia al andar por la ciudad, para llegar de un lado a otro, en donde no existen continuidades urbanas a escala humana y tampoco hay un respaldo de sistemas de transportación colectiva que sea eficiente para todos, como derecho de cualquier ciudadano, y te ves obligado a depender del automóvil. Es tiempo de pensar en otras alternativas de transporte colectivo más livianos que interconecten y optimicen al sistema mayor existente. De esta manera, permitiría que ningún ciudadano tenga que renunciar a su trama subjetiva peatonal, al andar, correr o guiar por una ciudad que poco a poco se vaya hilvanando de manera balanceada.
Precedentes
Análogo a estos procesos y sistemas, existen unos precedentes que están pensados y diseñados en fluidez con la naturaleza. “Highway Street” fue diseñada por la firma de arquitectura Meleca en Colombus, Ohio. El mismo trata de una intervención sobre una autopista que fragmentó una comunidad. En un lado de la división, la zona culminó siendo más activa, en el otro lado era menos, y lo único que conectaba ambos lados era un puente peatonal que no continuaba la trama urbana, así que no fomentaba, ni reflejaba un espacio apto para la escala humana. Entonces, la firma decide ensanchar el puente, lo suficiente para anidar programas a ambos lados de la carretera, con un espacio de transición en columnatas entre el interior y exterior, reintegrando la escala humana a la nueva conexión. Asimismo, resuelve la discontinuidad de espacios públicos entre las comunidades, creando conexiones y la plataforma que ahora posibilita la sinergia entre ambas, en un espacio que promueve tanto la transición como la permanencia, creando un balance.

El segundo caso, trata de “Loop City” propuesto por B.I.G para un desarrollo futuro en Copenhague, Dinamarca. Al igual que “Highway Street”, éste representa una serie de condiciones urbanas que fragmentaron la ciudad. No obstante, ofrece a la misma vez un catálogo de estrategias de posibles acercamientos para cada una de las condiciones. Además, Se compone de una red de transportación que interconecta las diversas fragmentaciones, simultáneamente emulando procesos y sistemas ecológicos. De hecho, el mismo nombre sugiere su finalidad, “loop” o bucle de retroalimentación. Esta propuesta abarca desde la recolección de agua de lluvia, captación de la energía solar, hasta procesos lineales de los seres humanos convertidos en ciclos, por ejemplo, la implementación de un tren de basura que recorra las ciudades que conecta, mientras tiene un sistema de colección automática de basura integrado que luego es llevado a una fábrica en donde se procesa y no se genera desperdicio, con el propósito de cerrar salidas con entradas compatibles. Entre los sistemas mencionados y otros, el mismo ejemplifica la conversión de un proceso lineal, a uno circular.

El tercer caso, “The Mobius Project” es una propuesta por la firma de arquitectos Exploration en Londres. El mismo emula un sistema ecológico, pero distinto a los anteriores, éste trata de comida local. El complejo alberga un restaurante y un “greenhouse”, junto a un digestor anaeróbico[28]. Desde la producción de alimentos, al consumo, a desperdicios, pasan a ser abono para un nuevo ciclo de producción. Mientras tanto, el restaurante y el “greenhouse” genera otros desperdicios biodegradables, éstos pasan a través del digestor anaeróbico, creando al final electricidad que hace funcionar el complejo en sí. Tal como lo describe el arquitecto Michael Pawlyn en su libro “Biomimicry in Architecture”:
“Co-localiza e integra comida, energía, agua y desperdicios en ciclos sinérgicos. Uniendo los ciclos, es posible que la salida de un sistema se convierta en la entrada de otro. Además, juega un rol importante en generar un sentido de comunidad, y reconectar a las personas con comida local, mientras atiende requerimientos infraestructurales de sustentabilidad para una vida urbana y un ecosistema en verdadera coexistencia y colaboración.”[29]
Selección del sitio

“Pensando global, pero actuando local”[30], nos vamos situando en lugar y tiempo en la ciudad de San Juan. Luego de un entendimiento teórico concretizado en los precedentes, junto a la problemática identificada, todo nos va dirigiendo a las comunidades fragmentadas aledañas a la intervención infraestructural de la autopista de Baldorioty de Castro. “Esta vía restructuró el límite de estas dos zonas, dividiendo comunidades ya establecidas y creando una verdadera barrera física de este a oeste entre el litoral costero y el área central.”[31] Paralelas a esta autopista, se encuentran las avenidas principales pertenecientes a los actuales límites perceptuales de lo que se considera Santurce: la Ave. Ponce de León y la Ave. Fernández Juncos. Al lado norte de la Baldioroty, se encuentran paralelas la calle Loiza y la Ave. Ashford. Perpendicularmente cruzando el expreso Baldioroty desde Santurce hacia Condado, se encuentran la Ave. De Diego, la calle del Parque, y la calle San Jorge.
Debido a la compleja topografía de Santurce, se convierte en un verdadero reto el reforzar estas conexiones perpendiculares que interconectan comunidades fragmentadas. Éstas continúan fluyendo y desarrollándose de forma paralela sin que confluyan de forma perpendicular. Esto se le atribuye, en gran medida, a las variantes condiciones urbanas que ocasionó la intervención excluyente de la Baldorioty, complicando la posibilidad de que converjan en sinergia las comunidades aledañas. Sin embargo, el predio en consideración es la conexión actual de la Ave. De Diego, justamente en el cruce sobre la Baldioroty. Ésta tiene la característica de poder intercambiar un elemento divisivo por una cubierta “humanizada” en todos los aspectos posibles arquitectónicos, urbanos, biofílicos y biomiméticos para que acentúe y refuerce sinérgicamente los accesos a las playas y áreas turísticas de Condado. Continuando con la gastronomía local creciente de la calle Loiza, con la zona cultural y biofílica del Museo y el Jardín Escultórico, en conjunto con su futura conexión con la zona vibrante de Santurce y Ciudadela.

A lo largo de la Baldioroty se crearon diversas condiciones urbanas que son susceptibles para la reinterpretación como posibles puntos de reconexiones y sinergias entre comunidades, similar al precedente de B.I.G, “Loop City”, donde muestra un catálogo de las variantes condiciones urbanas. Particularmente, en este predio que se identifica carece de conexiones a escalas humanas. Comenzando desde la Ave. Ponce de León, en dirección hacia el norte (Condado), es evidente el cambio súbito del brinco de escalas a lo largo de la Ave. De Diego mientras se acerca al cruce sobre la Baldioroty. Inclusive, esto ocurre desde la plaza del centro gubernamental de Minillas, donde su diseño y emplazamiento siguen un pensamiento que evidencia la exclusión de la escala humana con una segregación física y funcional programática inspirada por el movimiento moderno. El resultado es una planificación que aparenta ser considerada desde el cielo, una fragmentación física y funcional sobre una plaza que prevalece mayormente inactiva, más completamente desierta luego de las horas de trabajo. Los edificios Minillas no están acoplados a la continuidad urbana, más bien acentúan su fragmentación y proceden a crear barreras físicas en alturas entre la plaza, la autopista y las comunidades de Condado y calle Loiza. Esta cualidad se refleja más abajo con la cicatriz profunda de la autopista que quebrantó las comunidades. Por esta razón también se intervendrá en la plaza de Minillas, ya que las discontinuidades urbanas y sus efectos secundarios adversos representa lo que continúa fomentando: su inactividad y desconexión urbana.
El Museo de Arte de Puerto Rico y su plazoleta frontal conecta con la acera frente a la Ave. De Diego y mantiene la escala humana. Sin embargo, sus bordes de paredes ciegas que dan cara hacia la autopista Baldorioty – donde se encuentra parcialmente parte del jardín sobre su estacionamiento multi-pisos – también evidencian el desarrollo urbano fragmentado, junto al brinco de escalas que deshumaniza la experiencia de los transeúntes. Ambas edificaciones bordantes presentan un avance a lo que se avecina, la continuación de la competencia de escalas espaciales y de velocidades. Es decir, los caminos y sus fachadas con efectos bordantes de canalización y contención comienzan a fugarse debido a unas zonas y espacios que se pierden a través de la intermitencia espacial entre los edificios. Entonces, los flujos y las velocidades peatonales comienzan a confluir con los flujos y velocidades de los automóviles, cuando no deberían. A esto se le suma, que esta confluencia, produce en la gente que cruza un sentido de peligro, y de exposición o vulnerabilidad entre la convergencia espacial humana y vehicular. Esto culmina creando un nodo caótico – de confusión y descoordinación – tanto para quien ande en el carro y peor aún para el peatón o ciclista. Es un área que genera inseguridad y no invita al cruce entre ambas comunidades, por ende, la falta de sinergia.
Como parte del proceso participativo, se realizó un cuestionario a los transeúntes que anduvieran por las zonas/comunidades de Hipódromo/Melilla, Minillas, San Mateo/Ciudadela, y Condado. Se buscaba entrevistar personas que principalmente estuvieran a pie y/o utilizaban los medios de transportes colectivos como apoyo de su movilidad urbana entre los siguientes caminos: Ave. Ponce de León, Ave. José de Diego, calle del Parque, calle San Jorge, calle Antosanti, calle Loiza, y la Ave. Ashford. En cuanto a la audiencia seleccionada para entrevistar, se trató de buscar la mayor diversidad posible, en extremos de edades y especulaciones de perfil socio-económicos. Se logró entrevistar a tres personas con el método oral únicamente y diez entrevistas orales y gráficas, en dónde se utilizaba de referencia, trazado y “hoja de contestación” un mapa del área de estudio, sumando un total de trece entrevistas. Se formuló el siguiente cuestionario: ¿De dónde viene y hacia dónde va? ¿Cómo describiría la experiencia? ¿Método de transporte? Y ¿Qúe encontraba positivo o le gustaba del sitio? ¿Qué encontraba negativo o quisiera que mejoraría del sitio? Entre las características de las entrevistas, se destaca el disfrute de una ventilación constante luego de las torres Minillas – dirección hacia el Sur – y el cruce peligroso de la Av. De Diego sobre la autopista de Baldorioty.


Se propone un ecotono urbano a escala humana que de forma fractal integre/conecte/hilvane, anide, permee, solape/hibride, y humanice la continuidad urbana entre ambas comunidades. Es decir, la red de espacios públicos con las otras redes urbanas: naturales, de movilidad, y energía unidas en ciclos sinérgicos. Por tal razón se propone como programa un intercambiador multimodal de transportes.

Primordialmente, como un elemento intermedio integrador, que permite el no tener que renunciar a nuestra peatonalidad a escalas geográficas mayores. Simultáneamente se contextualiza, reintegrando las redes de la ciudad a escalas humanas y cataliza un efecto dominó mediante su infraestructura que establecería puntos de conexiones para intervenciones futuras. Así comenzaría un proceso de reintegración a lo largo de la autopista Baldorioty, u otras pertinentes a replantear. Si no fuera el caso, prevalece la idea de emular ecosistemas en ciclos sinérgicos, otra forma que podría “sanar” otras facetas de índole urbana, social y global que deben ser atendidas. Por consiguiente, se estarían uniendo las salidas de las energías cinéticas – de todo cuerpo en movimiento – con las entradas de energía eléctrica. De esta manera, el entorno construido estaría emulando un ecosistema, en donde nada se subutiliza y cada red u organismo se nutren mutuamente. No obstante, este programa sería tan sólo uno de los múltiples ejemplos que se podrían considerar de las posibles entradas y salidas de los sistemas existentes de una ciudad que se podrían unir en ciclos sinérgicos.

Integrándose al contexto, la propuesta de diseño se podría interpretar como un “multi-plug” lleno de entradas y salidas, que conecta y desconecta los sistemas que actualmente trabajan independientemente, no de forma interdependiente, para luego unir en ciclos sinérgicos las redes que son compatibles. En cuanto al entorno construido, éstas son las intenciones, reconciliar con el mundo natural para poder prosperar sobre una sostenibilidad global que pueda nutrir todas las formas de vidas, esto se puede seguir optimizando bajo implementaciones biomiméticas. En cuanto a nuestras vidas modernas, se pretende, (re)conectar y recordar que somos naturaleza, al igual que, integrar cualidades urbanas biofílicas, entre las razones, por su capacidad de aportar benéficamente a nuestra salud física, mental y emocional. Por la misma vertiente, también se deben atender las desconexiones físicas junto a las memorias y reflejos que denotan una urbe que fragmentó la forma de relacionarnos con nuestros entornos y nosotros mismos. Remplazando un sentido de desconexión social a uno de unión comunitaria, energía limpia, transporte colectivo multimodal, y un replanteamiento de condiciones urbanas adversas de épocas pasadas. Para lograr una ciudad interconectada y completamente integrada, se trata de un proceso que hibride y conecte de forma fractal espacios y tiempos a través de ecotonos urbanos que incorporen una sinergía entre infraestructura, arquitectura y naturaleza. Sinergia entre razonamiento, creatividad, e imaginación humana con la capacidad mentora, evolutiva y resiliente de la naturaleza. Sinergia entre biofilia, biomímesis y las nuevas tecnologías. Sinergia entre las entradas y salidas inconexas de las redes urbanas compatibles. Sinergia entre las fuerzas globales con carácter local. Una simbiosis entre los seres humanos, nuestros entornos construidos y el mundo natural.
Parti

Referencias
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Notas
[1] Aponte, Sara T. “Planificación Urbana En Puerto Rico: Un Poco De Historia.” Introduction to Urban Planning, Winter 2017, San Juan, Polytechnic University of Puerto Rico.
[2] Refiriéndose al estado perpetuo de constante desarrollo e innovación de las nuevas tecnologías.
[3] Origen griego de bio significa “vida”. Y esfera, ref. al planeta Tierra; f. Biol. Conjunto de los medios donde se desarrollan los seres vivos.
[4] Benyus, Janine. “The Biomimicry Network Effect.” YouTube, Bioneers, 18 Dec. 2014
[5] E. O. Wilson, la hipótesis de la biofília
[6] Kellert, Stephen, and Elizabeth Calabrese. “The Practice of Biophilic Design.” Biophilic Design, 2015, www.biophilic-design.com
[7] Kellert, Stephen, and Elizabeth Calabrese. “The Practice of Biophilic Design.” Biophilic Design, 2015, pp. 3-4 www.biophilic-design.com
[8] Kellert, Stephen, and Elizabeth Calabrese. “The Practice of Biophilic Design.” Biophilic Design, 2015, p. 4 www.biophilic-design.com
[9] Kellert, Stephen, and Elizabeth Calabrese. “The Practice of Biophilic Design.” Biophilic Design, 2015, p. 5 www.biophilic-design.com
[10] Pawlyn, Michael. “What does biomimicry mean for people?” Biomimicry in Architecture, 2nd ed., RIBA Publishing, 2016, p. 143
[11] Benyus, Janine, and Dayna Baumeister. “Innovation Inspired by Nature.” Biomimicry 3.8, 2016, www.biomimicry.net/
[12] Ellin, Nan. Integral Urbanism, 1st ed., Routledge, 2006, p. XXXV
[13] Ellin, Nan. “Hybridity & Connectivity” Integral Urbanism, 1st ed., Routledge, 2006, p. 49
[14] Weinstock, Michael. “System City: Infrastructure and the Space of Flows.” Architectural Design, vol. 83, no. 4, 2013, pp. 46–55
[15] Pawlyn, Michael. “How Will We Create Zero-Waste Systems?” Biomimicry in Architecture, 2nd ed., RIBA Publishing, 2016, p. 79.
[16] Parte vegetativa del hongo. Está subterráneo y es el auténtico hongo. Su función es absorber del suelo los distintos compuestos orgánicos necesarios para alimentarse. Está formado por un conjunto de filamentos blancos, hifas y septos. El micelio va creciendo en forma circular y va produciendo setas para su reproducción mediante esporas.
[17] Benyus, Janine. “The Biomimicry Network Effect.” YouTube, Bioneers, 18 Dec. 2014
[18] Graham, Bill. “Fuzzy Borders.” Nature’s Web of Life, 6 Apr. 2016, www.freshvista.com/2013/patterns-in-naturefuzzy-borders/
[19] Ellin, Nan. “Introduction” Integral Urbanism, 1st ed., Routledge, 2006, p. 2
[20] Gehl, Jan, and Jo Koch. “Standing.” Life between Buildings: Using Public Space, Island Press, 2011, pp. 147–154.
[21] Kellert, Stephen, and Elizabeth Calabrese. “The Practice of Biophilic Design.” Biophilic Design, 2015, p. 20 www.biophilic-design.com
[22] “14 Patterns of Biophilic Design.” Terrapin Home – Terrapin Bright Green, 12 Sept. 2014, www.terrapinbrightgreen.com/reports/14-patterns/
[23] Kemball-Cook, Laurence, and Craig Webster. “Google.” Pavegen – The Next Step, Pavegen, July 2017, www.pavegen.com/google.
[24] Ellin, Nan. “Vulnerability” Integral Urbanism, 1st ed., Routledge, 2006, p. 121
[25] Ellin, Nan. “Porosity” Integral Urbanism, 1st ed., Routledge, 2006, p. 90
[26] Ellin, Nan. “Porosity” Integral Urbanism, 1st ed., Routledge, 2006, p. 90
[27] Rodríguez Fernández, Gabriel A. “Necesitamos un plan de usos de terrenos y de transportación.” Entorno, vol. 1, no. 15, 2010, pp. 1–8.
[28] La digestión anaeróbica es ampliamente utilizada como una fuente de energía renovable. El proceso produce un biogás, que consta de metano, dióxido de carbono, sulfuro de hidrógeno y vestigios de otros gases “contaminantes”. Este biogás puede ser utilizado directamente en motores térmicos y a gas combinados, o bien ser mejorado a nivel de biometano natural con calidad de gas. El digestato rico en nutrientes que también es producido, puede ser utilizado como fertilizante.
[29] Pawlyn, Michael. “How Will We Create Zero-Waste Systems?” Biomimicry in Architecture, 2nd ed., RIBA Publishing, 2016, pp. 72–73.
[30] La frase original en inglés, “Think Global, Act Local” ha sido atribuida al activista Patrick Geddes a principios de siglo XX. Barashbla, David (2002). Peace and Conflict. Sage Publications. p. 547. ISBN 9780761925071.
[31] Sepúlveda-Rivera, Aníbal, and Jorge Carbonell. Cangrejos-Santurce: Historia Ilustrada De Su Desarrollo Urbano (1519-1950). Centro De Investigaciones CARIMAR, Oficina Estatal De Preservación Histórica, 1988, p. 54